miércoles, septiembre 28, 2011

Accidente

Me miraste.
El corazón lleno de lluvia y de tormenta.
Oteaste el horizonte.
El cielo parecía despejado y la tierra hambrienta.
La carretera mostraba un cruce, de caminos.

Parpadeaste, medio segundo.
Te lanzaste.

Algo indeterminado entre mis recuerdos y mi ombligo;
decidió atraparte.
Besarte.
Las lágrimas morían sobre el asfalto.
Recorrían mi rostro para descender por tu cuerpo.
Tus ojos metal frío,
del azul que sólo es capaz de obtenerse de una reacción con el cobalto.
(R 0 G 71 B 171).
Desaturados.
Tóxicos.
Inertes ante aquel asalto.

Fue sólo un beso.
El último.
El que aún hoy desgarra el alma y vacía las entrañas.
Partimos;
mi corazón y el tuyo,
en direcciones diferentes.

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